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Entrevista de Su Excelencia Arzobispo Ivan Jurkovic, Nuncio Apostólico
en Ucrania,
al Boletín del Servicio de Prensa de la Iglesia Ortodoxa
Ucraniana - Patriarcado de Moscú (IOU)
Enero del año 2005
1. Excelencia, Usted ha sido designado hace poco Nuncio en Ucrania.
¿Cómo ha tomado la nueva designación?
Ante todo quisiera agradecer al Servicio de Prensa de la IOU por
la atención que se me concedió con esta entrevista,
la primera de semejante extensión que doy desde mi llegada
a Ucrania. Pese a que mi misión en Bielorrusia fue muy importante
para mí, la designación a Kyiv me pareció extraordinariamente
atractiva, aunque sabía que me esperaban tareas más
complejas que las anteriores. Por otro lado, somos ?gentes de obediencia?,
por eso, gracias a Dios, la opción en nuestra actividad no
sólo expresa los deseos y gustos personales, sino, y ante
todo, es nuestra respuesta aprobatoria de la voluntad del Señor,
expresada también en las decisiones de nuestros superiores.
De cualquier modo siento que en Kyiv encontré mucho más
de lo que esperaba y por eso estoy muy contento del nuevo cargo.
2. Usted ha trabajado en muchos países del campo post-comunista,
incluso en la Federación Rusa y en Bielorrusia. ¿Podría
destacar las características religiosas y sociales específicas
de nuestro país?
Al comenzar mi servicio diplomático en la Santa Sede, jamás
pensé que pasaría tanto tiempo en los países
de Europa Oriental. Pero ahora lo veo con gran satisfacción
y me siento agradecido a la Divina Providencia que me llevó
por este camino. Soy el primer diplomático de la Santa Sede
que ha trabajado en tres grandes capitales eslavas: Moscú,
Minsk y Kyiv.
Mucho tiempo estuve reflexionando acerca de los rasgos en común
de estos grandes pueblos y de lo específicamente propio de
cada uno.
El primer rasgo y, tal vez, el más importante es que se trata
de los pueblos para los cuales la tradición ortodoxa, con
su rica herencia y potencial creativo propios, es la característica
cultural más significativa. Por eso, siempre aspiré,
dentro de lo posible, a mantener contactos con los ortodoxos, tanto
laicos como sacerdotes, intentando comprender mejor sus aspiraciones
y manera de ver. En Bielorrusia tomé parte en un grupo de
oración formado casi íntegramente por ortodoxos y
tan sólo ahora he tomado conciencia del valor de lo aprendido
con ellos.
En cuanto a la presencia de nuestra Iglesia Católica en esos
países existe una sensible diferencia. Mientras en la Federación
Rusa la comunidad católica no es grande, en Bielorrusia y
Ucrania la presencia católica abraza más o menos del
10 al 15% de toda la población. Es decir que los católicos,
si bien siguen siendo minoría, juegan un papel determinado
allí al hacer su aporte específico también
en la vida social de estos dos países. Indudablemente se
trata de un influjo, si bien limitado, pero real.
En lo referente al diálogo oficial con la Iglesia Ortodoxa,
en mi opinión, cada uno de los tres países y, en especial,
cada una de las tres capitales, tienen su propia vocación.
En cierto sentido se podría hablar de tres centros, cada
uno de los cuales posee su propio potencial específico no
sólo para el diálogo ecuménico, sino también
para el intercambio cultural en general.
Creo que se habla con demasiada frecuencia de una cierta difusión
de los valores occidentales en el Oriente, recordándose muy
poco el influjo que ejercía y ejerce el Este eslavo en toda
la cultura europea. En esas tierras viven casi 250 millones de personas
instruídas, educadas, talentosas y creativas que van a jugar
un papel importante en el futuro de nuestro continente. Por eso
nuestra tarea es mantener abiertos los caminos para el diálogo
ecuménico, evitando los malentendidos y tensiones que podrían
dañarlo.
3. Al poco tiempo de su designación tuvo lugar el encuentro
con el Superior de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. ¿Qué
problemas fueron examinados durante el encuentro? ¿Cuáles
son sus impresiones después de esa reunión?
Mi visita a Su Beatitud Volodymyr, Metropolitano de Kyiv y Toda
Ucrania y Superior de la IOU, fue el primer encuentro oficial que
sostuve después de la entrega de mis Cartas Credenciales.
Hasta ese momento visité sólo a los Obispos greco-católicos
y romanos. Hice esa opción conscientemente también
para subrayar la importancia de tal paso para mi misión en
este país. El encuentro fue, ante todo, una visita de cortesía,
una oportunidad para presentarme. Durante el mismo expresé
al Metropolitano el deseo de la Santa Sede y mi disposición
personal a proseguir el diálogo ecuménico y el intercambio
de opiniones y enfoques sobre numerosas cuestiones referentes a
las relaciones entre ambas Iglesias, y a reflexionar conjuntamente
acerca de algunos retos del mundo moderno. Me ha impresionado la
atmósfera de apertura y cordialidad en que se desarrolló
el encuentro. Conservo un cálido recuerdo del mismo.
4. Actualmente en nuestro país existen relaciones nada
simples entre ortodoxos y greco-católicos. Los ortodoxos
ven manifestaciones abiertas de proselitismo por parte de la Iglesia
Occidental en su expansión hacia el Este, lo cual se exteriorizó
en la creación de nuevos exarcados en Ucrania del Este, en
la mudanza de la cátedra a Kyiv, al enardecerse los conflictos
inter-confesionales que ocurren actualmente en Transcarpacia a nivel
de algunas comunidades, y que fue objeto de una declaración
oficial de la jerarquía de la IOU, publicada en la prensa
y enviada al Presidente y al Superior de la Iglesia. Una de las
tareas principales que Usted ha indicado en más de una ocasión
es la del auspicio del futuro desarrollo del diálogo entre
el Este y el Oeste. ¿En qué fase se encuentra ahora
dicho diálogo en nuestro país y qué actos concretos
sugeriría al examinar la cuestión en el contexto señalado?
Al hacerme esta pregunta toca Usted la esencia misma de muchos aspectos
que en cierto grado constituyen una de las tareas principales de
mi misión en Ucrania. Claro que me resulta difícil
aún dar respuestas detalladas; necesito tiempo todavía
para ponerme personalmente al tanto de las cuestiones concretas.
Por otro lado, estos problemas poseen en cierto grado muchos rasgos
en común con otros países donde tuve la oportunidad
de trabajar. Algunos de estos problemas tienen raíces históricas,
mientras otros están relacionados con el cambio del contexto
social después del colapso de la Unión Soviética
y la nueva situación en Europa. Después de largos
años de esperanzas, la gente volvió a hallar su libertad
personal y obtuvo la posibilidad de crear un nuevo orden social.
Esto quedó marcado también en la vida religiosa: la
gente pudo a su vez declarar abiertamente su pertenencia confesional.
Esto se puso en evidencia en forma especial en aquellas regiones
que durante siglos habían unidas con la Santa Sede. Por supuesto
que tal retorno iba acompañado a veces de momentos de tensión
que la gente aún recuerda. Por eso me parece que todavía
hace falta tiempo para que queden allanadas todas las dificultades
de ese período.
Cuando hace más de diez años llegué a Moscú,
tuve que tratar asuntos semejantes a los que usted me acaba de plantear.
Aunque ambas Iglesias hicieron mucho para encontrar el entendimiento
y superar las situaciones de injusticia, habrá que dedicar
muchos esfuerzos todavía para mejorar la confianza mutua
en las relaciones entre ambas Iglesias. Sin embargo y pese a todas
estas dificultades, el intercambio de opiniones jamás se
ha interrumpido totalmente y esto, a mi modo de ver, es el testimonio
de que todos entendemos perfectamente la necesidad de proseguir
con el diálogo entre la Ortodoxia y el Catolicismo.
Además, me parece que aún no se ha logrado hacer un
análisis preciso de todas las consecuencias del período
soviético. Baste pensar en los resultados de las deportaciones
forzadas, ante todo de las regiones occidentales de Ucrania a Siberia,
y también de las migraciones voluntarias que se dieron durante
largo tiempo. La población se iba mezclando también
a causa de la migración sistemática del este en dirección
a las fronteras occidentales. Todo ello influyó considerable
en la estructura de la sociedad, incluso en el aspecto confesional.
Por ejemplo en Minsk siempre me causaba asombro el hecho de que,
casi como una regla, en las familias reunidas para celebrar las
fiestas, hijos, padres, abuelos y bisabuelos pertenecieran todos
a confesiones diferentes. En las aldeas este fenómeno se
da con menos frecuencia, pero casi en todas las ciudades (bielorrusas)
la estructura confesional está muy mezclada. Por eso muchas
veces subrayé la necesidad de mantener el diálogo
entre diferentes confesiones no sólo a nivel de las relaciones
inter-eclesiásticas, sino también porque afecta la
vida de muchas familias. Como sabemos muy bien, la familia es una
estructura donde se pone en la mayor evidencia la necesidad del
entendimiento mutuo y la armonía entre todos. La familia
tiende a evitar las tensiones, y por eso la situación en
la familia exige de nosotros un máximo de atención
y respeto. A veces observé con tristeza que la gente de diferentes
confesiones se trataba en casa y en el trabajo sin problema alguno,
mientras que en el medio eclesiástico pesaba una gran cantidad
de cuestiones no sólo referentes a las convicciones religiosas,
sino también a las divergencias en la interpretación
de acontecimientos históricos del pasado remoto, pero que
son capaces de provocar todavía nuevas barreras y dificultades.
Estoy convencido que para progresar no es suficiente quedarnos tan
sólo en la explicación de algunos hechos del pasado,
sino que y ante todo es necesario aprender a respetar las convicciones
de los demás, incluso las sensibilidades específicas
de cada uno.
En cuanto a las cuestiones de la propagación de la Iglesia
Católica hacia el Este, a mí me parece que no se toma
debidamente en cuenta la circunstancia de que muchos católicos
fueron llevados al Este a la fuerza y ahora quisieran restablecer
los nexos con su propia Iglesia.
Por otro lado vemos la rapidez con que va cambiando la situación
también en Occidente. En los años de mi trabajo en
la Secretaría de Estado tuve la oportunidad de ver cuánta
gente llegaba a Roma de Europa Oriental. Creo que ahora la comunidad
ucraniana en Italia es una de las mayores. Esto es una verdadera
ola de emigración hacia el Oeste. La mayoría de ellos
llegaron en busca de trabajo. ¡Gracias a Dios! Puedo afirmarlo
porque vi la importancia que tenía tal ayuda para mi propio
país en los años sesenta y setenta cuando la gente
tuvo la posibilidad de mejorar sus condiciones materiales al ir
a trabajar a Alemania y otros países europeos.
Para miles de estos emigrantes creyentes fueron abiertas nuevas
parroquias y nuevas estructuras de trabajo pastoral. Puedo decirlo
ante todo de la comunidad greco-católica ucraniana, pero
sé que está creciendo también en forma permanente
la ayuda pastoral prestada a los creyentes ortodoxos.
En cuanto a la situación en Transcarpacia. Como dije antes,
me resulta aún difícil estimar casos concretos aislados,
aunque se trata de una región que conozco bastante bien,
porque ya en noviembre de 1992 la visité por primera vez.
Entonces observé algunos casos serios de extraordinaria tensión.
Hace poco he vuelto a ir varias veces a Transcarpacia. Entre otros,
me encontré con los representantes de las autoridades locales
y también visité al Excelentísimo Obispo de
la IOU Agapito. Y pude convencerme de que, lamentablemente, quedan
todavía numerosos problemas sin resolver. Sin embargo he
notado que muchas cuestiones ya se solucionaron y vi también
numerosos proyectos de vuestra Iglesia que, según mi parecer,
son por sí mismos testimonio de un considerable progreso.
Pero también la comunidad católica de rito bizantino
está pasando todavía grandes dificultades.
En todo caso estoy convencido de que a nosotros nos toca seguir
el diálogo y movernos hacia adelante sin perder la fe en
el éxito. La sociedad moderna es tal que no admite otras
alternativas al diálogo y al intercambio abierto de opiniones.
Indudablemente, esto no significa que renunciemos a nuestras convicciones
personales. Acabo de leer un artículo de una alta jerarquía
ortodoxa, publicado en la revista mensual ?Spasite Nashi Dushy?
(Salven Nuestras Almas) del mes de diciembre pasado, que ofrece
un análisis muy diferente en lo que se refiere al valor del
diálogo.
El principio de seguir la voz de la propia conciencia y de defenderla,
pero a la vez de reconocer la misma libertad también para
los demás es especialmente valioso en el diálogo entre
las Iglesias. Las verdades de la fe, como bien sabemos, siempre
incluyen, al menos en forma inicial, también el amor cristiano.
En cierto grado podríamos decir que la verdad defendida con
falta de amor cristiano pierde su brillo. Éste es uno de
los principios más genuinos del cristianismo.
5. ¿Existen según su opinión vías
concretas para regular situaciones conflictivas tocantes a los edificios
de culto y a las cuestiones de bienes raíces que surgieron
en Ucrania Occidental a comienzos de los años 1990 a causa
de la entrega masiva de los templos de manos de una confesión
a otra, lo cual fue seguido frecuentemente de actos de violencia
dirigidos contra el clero y los laicos ortodoxos? ¿Qué
diría Usted al respecto?
Como ya he dicho, en todo lo visto por mis propios ojos en 1992
hubo episodios bastante dramáticos por ambos lados. En aquel
entonces me hicieron conocer ante todo las situaciones más
dolorosas para los greco-católicos. Sin embargo estaba al
tanto de que había también otros casos de sufrimientos
pasados por vuestras comunidades. Actualmente, a mi juicio, la situación
ha mejorado mucho y la mayoría de las comunidades ya tiene
la posibilidad de profesar libremente su propia fe. Por eso debemos
continuar moviéndonos sólo para adelante conservando
siempre abiertos los caminos para el diálogo. Especialmente
importantes son los contactos fraternales a alto nivel, con obispos
y sacerdotes. Esto ayuda a la gente a superar las injusticias cometidas
y alcanzar el acuerdo. En Bielorrusia decían que en el pasado
los pueblos más tranquilos fueron aquellos donde un sacerdote
ortodoxo y un padre católico tomaban una copa junto con un
rabino. El afianzamiento del entendimiento mutuo es una de las tareas
más nobles de la Iglesia. Por otro lado, la falta de esfuerzos
emprendidos para disminuír las tensiones aún existentes
no sólo supone el incumplimiento de los Mandamientos de Dios,
sino también una irresponsabilidad para con la sociedad.
6. Hace mucho que se conocen los problemas de coexistencia entre
católicos romanos y greco-católicos en Ucrania Occidental.
Vuestro antecesor Mykola Eterovic dijo en su entrevista al periódico
?Den?: ?… algunos problemas se daban, principalmente, por cuestiones
de los edificios de culto que las autoridades locales entregaban
según su propio criterio a tales o cuales comunidades, mientras
que la comisión mixta actual, compuesta por dos Obispos greco-católicos
y dos católicos romanos, va a examinar las cuestiones no
resueltas hasta el presente y propondrá las soluciones respectivas…?.
¿Cómo se logrará resolver las cuestiones disputadas
en la fase actual? ¿Hubo demandas recientes de las comunidades
ortodoxas a nivel local, referentes a problemas de bienes raíces?
Es indudable que aún quedan algunas cuestiones sin solucionar,
pero no se trata de dificultades insuperables. De alguna manera
se podría decir que siguen resolviéndose con considerable
éxito. Estas situaciones son casi todas consecuencia de injusticias
cometidas en el pasado contra determinadas comunidades. Baste recordar
la actitud por los creyentes católicos en los decenios pasados
y el destino de sus edificios de culto, construídos a precio
de tantos sacrificios y abnegación. Seguramente no será
equivocado afirmar que los católicos, tanto los de rito oriental
como también latino, sufrieron por actitudes más duras
quizás que sus co-hermanos ortodoxos. Luego, en el período
soviético, cambió el concepto de la propiedad, así
que todavía hoy no siempre se considera necesario devolver
los bienes a quienes les fueron quitados. Parece que se llegó
a tal punto que la propiedad de la Iglesia no le era devuelta a
sus dueños legítimos, siendo incluso ?privatizada?
(?apropiada?, ?hecha propia?), como ustedes dicen, haciendo a veces
uso de este término con un matiz casi sarcástico.
De este modo, las comunidades que fueron privadas de su propiedad
y que sufrieron opresiones, privaciones y deportaciones, ahora,
cuando ha llegado la libertad, son testigos de que sus propiedades
son vendidas a gente absolutamente extraña. Y todo esto ocurre
en una situación de serias dificultades económicas,
de necesidades imperiosas y de dificultades cada vez mayores para
encontrar algún apoyo. Así que se puede decir que,
lamentablemente, este problema sigue siendo agudo y que lo será
por cierto tiempo, influyendo en ello también las relaciones
entre las Iglesias.
7. ¿Cuál es ahora la situación referente
al otorgamiento del status de Patriarcado a la IGCU?
La cuestión del otorgamiento del status de Patriarcado a
la Iglesia Greco-Católica Ucraniana (IGCU) continúa
estando bajo la gestión del Sumo Pontífice. Su esencia
se ve concentrada en las palabras del Papa con las cuales se dirigió
al Sínodo Permanente de la IGCU, reunido el 3 de junio del
año 2004 en Roma: ?Comparto vuestra aspiración, fundada
también en la disciplina canónica y conciliar, de
tener una configuración plena jurídico-eclesiástica.
La comparto en la oración y también en el sufrimiento,
esperando el día establecido por Dios en que podré
confirmar, como Sucesor del Apóstol Pedro, el fruto maduro
de vuestro desarrollo eclesiástico. Mientras tanto, como
ustedes saben muy bien, vuestra demanda es seriamente estudiada
también a la luz de las valoraciones de otras Iglesias cristianas.?
Estas palabras siguen siendo guía en el camino al desarrollo
de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana.
8. En las acciones del ?Maidán? (Plaza de Independencia
en Kyiv) tomaron parte activa los representantes de las comunidades
católicas de ambos ritos, incluso monjes y el clero secular.
Los órganos centrales de prensa de la IGCU hacían
publicidad abierta por uno de los candidatos. ¿Cómo
juzga Usted estos hechos?
Los acontecimientos sociales que acabamos de vivir, según
mi opinión, podrán ser apreciados del modo debido
sólo a la luz de una perspectiva histórica más
lejana. Claro que para mí fue una sorpresa poder vivir estos
momentos tan insólitos, casi inmediatamente de comenzada
mi misión en Ucrania. A lo largo de todo este período
pude ser testigo de una gran inquietud en la gente, incluso en los
creyentes y el clero de todas las confesiones cristianas. En la
Plaza hubo también celebraciones religiosas y se elevaban
oraciones a Dios. Durante casi un mes uno podía encontrarse
en las calles de Kyiv con procesiones religiosas portando iconos
y estandartes. Tal vez algunos de estos actos sean valorados por
una de las partes como apropiadas, mientras que otros los juzgarán
en forma negativa.
Sin embargo me impresionó de manera especial el hecho de
que las máximas autoridades eclesiásticas ucranianas
expresaran una gran mesura y preocupación pastoral por el
pueblo, defendiendo no tanto a determinados candidatos, sino los
principios éticos y el respeto por la dignidad humana. En
la Nunciatura se hicieron las traducciones de todas las declaraciones
publicadas en la prensa tanto por los máximos líderes
católicos eclesiásticos, como por el Superior de la
Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú, Su Beatitud
Volodymyr, y también por el Consejo Pan-Ucraniano de Iglesias
y organizaciones religiosas. En total fueron unas quince declaraciones.
Cuando me venían a ver periodistas extranjeros y me preguntaban
mi opinión, siempre les daba estos textos para mostrar lo
mucho que habían hecho las confesiones religiosas para evitar
que la violencia se adueñara de las calles.
9. En Lviv fue inaugurada la Universidad Católica Ucraniana;
en Ucrania funcionan varios centros educativos espirituales; y el
seminario de rito latino en la Diócesis de Kamianets-Podilskiy
(en la ciudad de Horodok) otorga a sus egresados el grado de Bachiller,
ya que es filial de la Facultad de Teología de la Universidad
Lateranense de Roma. ¿Cómo se resuelve la cuestión
de la acreditación estatal de los centros educativos espirituales
de la Iglesia Católica en Ucrania?
Como se sabe, la Iglesia Católica siempre prestó gran
atención al desarrollo armonioso de la persona humana y especialmente
a la educación en los centros docentes. Actualmente en el
mundo existen cerca de 350.000 escuelas católicas y casi
1000 universidades e institutos católicos. Lo que en muchos
países del mundo se ve como absolutamente normal, en otros
sigue siendo casi imposible. Esto ocurre también en Ucrania,
donde aún no hay legislación relativa a la educación
no estatal. Sin embargo, la Iglesia Católica intenta hacer
todo lo posible también en la situación actual. Es
importante colocar los cimientos, preparar el profesorado, y entablar
relaciones educativas internacionales. Ya se verá más
tarde cuál será su desarrollo. Pero es muy difícil
hacer todo esto en ausencia de un verdadero reconocimiento de los
títulos académicos. En circunstancias similares fue
fundado en Moscú el Colegio Superior de Cultura Religiosa
de Santo Tomás de Aquino. También en Bielorrusia fui
testigo del valor del Metropolitano Filaret, Superior de la Iglesia
Ortodoxa Bielorrusa, que asumió las obligaciones de Decano
de la pequeña Facultad de Teología. Después
de numerosas dificultades esta Facultad se ha vuelto ahora, parece,
parte integrante de la Universidad Nacional. Considero esto un bello
ejemplo de que siempre se puede hacer algo, aunque en forma distinta
de la deseada. La tarea de la promoción de las ciencias sagradas
y de la cultura cristiana es impostergable porque la gente está
esperando de nosotros respuestas a los interrogantes de su vida.
En los países europeos la mayoría de la población
ya tiene la posibilidad de obtener en una forma u otra la educación
superior que ha crecido extraordinariamente en las ciencias técnicas,
lo cual está ligado con la extensión de la computerización
y de otros medios modernos. Por eso, ante la Iglesia surge la necesidad
cada vez más urgente de promover también la reflexión
teológica y de imprimir en la vida cada vez más tecnificada
una dimensión espiritual.
10. Excelencia, Usted ha participado en la traducción
a la lengua rusa del Código de Derecho Canónico de
la Iglesia Católica. ¿Qué podría Usted
decir de esta experiencia?
Todos los candidatos que ingresan en el servicio diplomático
de la Santa Sede, después de su graduación en Teología,
deben hacer el doctorado en Derecho Canónico. Yo lo hice
en 1984, pero obtuve el grado doctoral sólo a los cuatro
años, cuando ya estaba trabajando de Secretario en la Nunciatura
en Colombia, en América Latina. Sucedió que mi trabajo
científico ¡lo publiqué en Bogotá! Personalmente
no tenía ningún proyecto de continuar mis estudios
canónicos, más aún dado que el trabajo en la
nunciatura no deja mucho tiempo para ello.
Sin embargo, cuando llegué a Moscú me pidieron dictar
un curso de lecciones en derecho canónico latino. Cuando
me dijeron que tendría que hacerlo en ruso, por poco pierdo
todo mi ánimo. Pero como no había otro candidato,
decidí aceptar la invitación y a lo largo de cuatro
años escribí varios libros que obtuvieron una crítica
bastante benevolente. Entre estas obras estaba también el
Diccionario Latino-Ruso en Derecho Canónico, compuesto en
cooperación con el Sr. Andrei Koval. Como hay pocas obras
de este tipo en lengua rusa resulté bastante conocido. Recuerdo,
en particular, cómo se apreciaban mis publicaciones en la
Academia Espiritual de Moscú, en Serhiev Posad. Para mi sorpresa
fui invitado por uno de los responsables de la Academia que no sólo
me agradeció, sino que me pidió varios ejemplares
más. Esto significa que mis obras fueron conocidas también
por algunos candidatos al sacerdocio de la Iglesia Ortodoxa, lo
cual me llena de no poca satisfacción.
Ya se ha hablado mucho en cuanto al papel del derecho canónico
en la vida de la Iglesia. Según mi opinión es indudable
que las normas elaboradas por la Iglesia a lo largo de su historia
constituyen para ésta un legado inestimable. Una importancia
especial adquieren estas normas en épocas de re-estructuración
y renovación de la vida de la Iglesia, como ocurre ahora
en muchos países de Europa Oriental. El orden, la medida,
el canon son de extraordinaria importancia para la vida de la Iglesia
y complementan las obras del Espíritu en las almas de los
creyentes.
11. Usted comenzó su servicio diplomático en 1984
y durante muchos años cumplió las tareas encomendadas
en diferentes países. Cuéntenos, por favor, ¿cómo
se eligen y se designan los responsables de las misiones diplomáticas
en su Iglesia? ¿En qué grado cuenta para la designación
de determinados diplomáticos su procedencia nacional?
Cada uno de los diplomáticos de la Santa Sede ha seguido
su propio camino para esta designación. En el pasado, los
candidatos eran elegidos de entre los egresados de las Universidades
Pontificias en Roma, pero la situación cambió en los
años sesenta - setenta. Actualmente la Santa Sede aspira
a que una gran variedad de naciones esté representada en
la Curia Romana. Claro que este criterio no es el más importante,
pero, de cualquier forma, es bastante significativo.
A veces suenan apreciaciones amables referentes a la calidad de
nuestro servicio diplomático. No sé, quizás
sean algo exageradas. Pero puedo afirmar con toda convicción
que la estructura internacional de nuestro servicio diplomático
es seguramente uno de los logros más valiosos, porque ayuda
a respetar más y a comprender mejor las complicadas situaciones
locales.
12. Hace poco se dio la entrega por el Vaticano al Patriarca
de Constantinopla de las reliquias de los ilustres santos teólogos
de la Iglesia Oriental. ¿Qué motivó tal decisión?
La devolución de las reliquias tiene su historia especial.
Como se sabe, los contactos entre la Santa Sede y el Patriarcado
de Constantinopla existen ya desde hace varias decenas de años.
Estas relaciones se ponen en especial evidencia durante la participación
de delegaciones fraternales, de costumbre de muy alto nivel, en
las fiestas de San Pedro en Roma y de San Andrés en Constantinopla.
Pese a las dificultades del diálogo teológico que
todavía existen, se ha creado entre ambas Iglesias una atmósfera
de cordialidad y comunión. Un acontecimiento de extraordinaria
importancia en este sentido fue la entrega al Patriarcado de Constantinopla
de la Iglesia de San Teodoro en el Monte Palatino, famoso templo
del siglo IV, que la Santa Sede ha puesto a disposición del
Patriarcado de Constantinopla.
En junio del 2004, la Iglesia de San Teodoro fue entregada solemnemente
al Patriarca Bartolomé. Unos días después,
durante la audiencia con el Santo Padre, el Patriarca expresó
su deseo de recibir en devolución las reliquias de San Gregorio
Nacianceno, salvadas del peligro y ocultadas en Roma en el período
de la iconoclasia (siglos VIII-IX), y de las reliquias de San Juan
Crisóstomo, traídas al Occidente por los cruzados.
El Papa aceptó la petición del Patriarca también
con el fin de subrayar los lazos provenientes de la veneración
de las santas reliquias que unen a la Iglesia Católica y
el Patriarcado Ecuménico. Como se sabe, este acontecimiento
atrajo una considerable atención de los medios de información
y fue interpretado como un importante signo de apertura ecuménica.
13. Vuestra Excelencia, ¿qué objetivos se plantea
Usted en su futura actividad y qué tareas aspira a realizar
la misión que Usted encabeza en la perspectiva más
próxima?
Las tareas del Representante Pontificio son numerosas y diversas,
posiblemente incluso más complejas que las que se presentan
ante un Embajador de un estado laico, acreditado ante un gobierno,
que trata cuestiones claramente definidas. De otro lado, la actividad
del Nuncio Apostólico comprende no sólo la vida social,
sino también y ante todo el ámbito de la Iglesia.
Todo este conjunto de tareas puede ser reducido a algunas obligaciones
fundamentales, como la de la representación del Pontífice
Universal en nuestras comunidades; del desarrollo del diálogo
ecuménico e inter-confesional; y del auspicio de los contactos
de la Santa Sede con los gobiernos de los estados en materias de
la vida de la comunidad internacional.
En lo que a mi misión específica en Ucrania se refiere,
estaría contento de poder promover el conocimiento cada vez
mejor de la realidad ucraniana, de la riqueza espiritual de este
país, de su potencial creativo, en el respeto por su historia
y sensibilidad por su pueblo, sin entrar en reducciones y simplificaciones.
Sin embargo entiendo que esto es un asunto de mucho tiempo en el
que manda sólo Dios, el Señor de los corazones humanos
y el Señor de la Historia.
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